Polilla del olivo (Prays)
Prays oleae

Descripción: Este microlepidóptero está distribuido por toda la Cuenca Mediterránea. Su incidencia varía según campañas llegando a menudo a alcanzar niveles que provocan pérdidas considerables. El adulto es una polilla gris plateada de 6 mm de longitud. El huevo es lenticular, de 0,5 mm de diámetro y de un color blanquecino que vira a amarillo al ir a eclosionar. La larva alcanza los 8 mm en máximo desarrollo y presenta una coloración variable con tonalidades claras, marrón y verde. Se transforma en crisálida en el interior de un capullo sedoso y restos vegetales o terrosos, ya sea en la parte aérea o en el suelo, según la generación de que se trate. Las tres generaciones que se suceden a lo largo de la campaña afectan sucesivamente a la hoja y yemas (generación filófaga), a la flor (antófaga) y al fruto (carpófaga).
Filófaga: La larva aparece en febrero (según el clima) no causa grandes daños puesto que ataca a las hojas, también puede atacar las yemas terminales siendo en este caso el daño más perjudicial, sobre todo si se trata de olivos pequeños en formación. Este ataque a yemas terminales, en la mayoría de los casos, el agricultor piensa que es provocado por fuertes heladas.
Antófaga: La larva aparece en mayo/junio (según el clima) en este caso la larva se alimenta de los órganos reproductivos de las flores del olivo. Esta generación es la más vulnerable a los tratamientos que los agricultores realizan contra esta plaga.
Carpófaga: La larva aparece entre mediados y finales de junio (según el clima) en este caso la larva penetra en la aceituna y pasa el verano alimentándose en el hueso de la misma hasta septiembre, momento en el cual sale de ésta. Ésta es la generación que más pérdidas económicas provoca debido a que produce la caída del fruto de manera directa o induciendo al olivo a que se desprenda de éste, el cual no es apto para su función, que es la reproducción.

Síntomas y daños: Los daños producidos por la generación filófaga son inapreciables, salvo en los casos de plantaciones jóvenes en formación. La generación antófaga produce daños de diversa consideración y difícil cuantificación que dependen del nivel de ataque de la plaga, de la cantidad de flor y el destino de la producción (almazara o mesa). La generación carpófaga es la que produce los daños más importantes. Produce una primera caída de frutos pequeños que, en aceituna de mesa, suele ser beneficioso al aumentar el calibre de los restantes. El daño más grave se hace patente a partir de septiembre, cuando la larva al salir del fruto hace que este caiga al suelo.